En busca de la felicidad...

 

Una cosa es habitar y otra muy distinta morar. Morar es ser feliz en el sitio de uno, disfrutar de sus espacios, alegrarse con sus muebles o llorar con un recuerdo si hiciera falta. Morar es dejar que los sentimientos fluyan en casa, por eso la decoración nunca debe ser algo arbitrario, sino el resultado final de una conversación interior en busca de la felicidad.

 

Una vez definidas las emociones y sensaciones que necesitas en tu hogar, hay que escoger la disposición de los elementos que ven nuestros ojos, su color, sus formas y hasta su peso, ya que cada aspecto, por insignificante que parezca, inciden directamente en nuestro estado de ánimo.

 

Colores cálidos y brillantes

 

Para llenar tu vida de alegría, escoge colores cálidos como el amarillo, el naranja o el rosa y evita los tonos pastel cargados de melancolía. Esta gama de colores activa la pasión y el fuego interno y hace las veces de antidepresivo natural. Mientras más rojo y más brillo tenga en su mezcla el color, más alegría transmitirá. En grandes dosis puede producir un poco de estrés, así que no hace falta que pintes todas tus paredes de rojo; con pequeños toques de colores cálidos tendrás la dosis suficiente de endorfinas que tu cuerpo necesita.

  

 

  

Di sí a los volúmenes sinuosos

  

Las líneas curvas serán tu mejores aliadas en este nuevo camino hacia la felicidad. Los volúmenes generan placer, estimulación y relajación, así que aquí tienes otra razón para reemplazar el mobiliario minimalista y llenar tu casa de piezas cóncavas y convexas de abultados volúmenes.

 

Luz, fuente de vida

 

La luz es sinónimo de gozo desde que el hombre es hombre. Déjala entrar, que se cuele por todos los rincones de tu casa, que cree formas, sombras y te de en la cara. Disfruta de la luz como elemento artístico, pero también como la gran fuente de vitaminas que es.

   

 

Recuerdos, recuerdos, recuerdos

 

Nada te producirá más felicidad que recordar los episodios de tu vida en los que fuiste feliz. Simple, conciso. Fotos, recuerdos de aquel viaje, cartas, libros… deja a la vista todo lo que al mirar te de un chute de alegría.

  

 

Rodéate de seres vivos

  

No te alarmes, no pretendo que conviertas tu casa en una pajarería, pero sí en un vergel. Los beneficios de las plantas son innumerables: purifican y revitalizan el ambiente, absorben gases contaminantes, hidratan tu piel, producen calor en invierno, hacen de pantalla contra el ruido y hacen mucha compañía aunque no hablen. Puedes empezar por un cactus, que requiere poco cuidado y es perfectos para un interior, aunque una vez que empiezas, no vas a poder parar de llenar tu vida de verde —el que avisa no es traidor—.

  

Compartir este artículo